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| Ulyses Villanueva |
Los beneficios del Tai Chi son múltiples y los dirige el practicante
dependiendo de su deseo y su necesidad. La energía que uno mueve
se desplaza a través de unos canales invisibles llamados meridianos,
conectados con los órganos internos fundamentales. Así,
los bloqueos que puedan existir en el organismo tienden a ir desapareciendo,
si el trabajo que se realiza busca un estado saludable a nivel global.
Un bailarín puede encontrar en el Tai Chi la base de su equilibrio,
un guitarrista puede lograr una mayor relajación en los dedos
para afrontar escalas imposibles, un tartamudo puede localizar el lugar
donde se enredan sus palabras y cualquiera, independientemente de existir
o no un motivo, tiene la posibilidad de practicarlo por razones que
ni siquiera se plantea.
De cualquier manera, la energía corporal se pone en movimiento
y fluye con armonía por los distintos meridianos desbloqueando
los nudos que nos hemos creado. Todo cuanto vivimos tiene una repercusión
en el organismo, todo cuanto somos responde a una causa real que forma
parte de nosotros.
En Tai Chi no hay una meta, la decisión final es la primera
decisión: practicar.